Reseña Histórica

Poema a la Despeinada

Última actualización: 22/10/2015 18:04:21

Fr. Germánico Revuelta Escribano, O.P. (1900-1978)

Canto I

Torre de San Pedro Mártir,
esbelta, gentil, graciosa,
yo quisiera que al oído
me dijeras una cosa.

Dime: ¿es que no has tenido tiempo
de peinar tu cabellera,
que igual te encuentro en verano
que estabas en primavera?

Como una palma de Cades
te elevas entre los cielos,
pero todo lo estropeas
con esos dichosos pelos.

¡Ay! Manola, Manolita,
¡ay! Manolita, Manola,
mucho pelo en la cabeza
y poco seso en la chola.

Me pregunta a mí la gente,
y me da mucho coraje,
¿cuándo va usted a quitar
de la torre el andamiaje?

Al resplandor de la aurora
tus cabellos plateados,
parecen púas de erizo
por el centro y por los lados.

Con el clavel entre el pelo
pareces una andaluza,
y en las noches de verano
una perfecta lechuza.

Llamo clavel al piloto
que ilumina esa maraña
de tu cabello enredado
y que a todo el mundo extraña.

Vanidosa, presumida,
humilla tus pensamientos,
que parece tu cabeza
un manojo de sarmientos.

Como un nido de cigüeña
que a medio hacer se quedó;
como un zarzal en el río
que en invierno se secó.

Me gastas una cabeza
que parece una mimbrera,
y mirándote de lejos
una enorme batidera.

Tantos hierros retorcidos
rodean tu campanario,
que parece una grillera
o la jaula de un canario.

Como una tela de arana,
más o menos bien tejida,
como una zarza de Horeb
entre la selva escondida.

Es tu cabeza cuadrada
lo mismo que una pradera,
pero con más agujeros,
que tiene una regadera.

Muchas más cosas me quedan
por decir de tu cabeza,
pero ya no te las digo
por no causarte tristeza.

Y con esto aquí termina
éste mi primer cantar;
te llamo la despeinada
sin poderlo remediar.

Canto II

Un día quise peinarme,
la torre me contestó,
pero mi pelo es de acero
y el peine se me rompió.

Ya me parecía a mí
que algo debía pasar,
cada vez que te miraba
y te veía sin peinar.

Perdona si, con mi canto,
en algo herí tu pudor,
pero es que te quiero hermosa
como un suspiro de amor.

Contemplándote extasiado
pasara la vida entera,
y a la sombra de tus muros
dulcemente me durmiera.

¡Ay! Manolita, Manola,
¡ay! Manola, Manolita,
con la cruz entre tu pelo
pareces una bendita.

Eres faro que iluminas
en la noche tenebrosa,
eres puerto de esperanza
que haces al alma dichosa.

Refugio de caminantes
al pie de la carretera,
eres fuente, eres alivio
de la humanidad entera.

En esa cruz redentora
murió nuestro Salvador,
para dar al hombre
vida viviendo siempre de amor.

Cruz de perlas y rubíes,
de zafiros y diamantes,
en ti su consuelo encuentran
los corazones amantes.

Dos campanillas de plata,
ocultas entre tu pelo,
alegres y juguetonas
lanzan sus voces al cielo.

Son dos hermanas siamesas
con el mismo corazón,
que al despertar la mañana
te llaman a la oración.

A trino de ruiseñor,
a voz de angelitos bellos,
me suena su repicar
a través de tus cabellos.

Como dos niñas traviesas,
como vírgenes doncellas,
al cielo cuentan sus cuitas
a la luz de las estrellas.

Y la luna embelesada
en la frente les da un beso,
y mirándose en sus ojos
su corazón queda preso.

En un eterno aleluya,
en un éxtasis de amor,
viven tus dos campanillas
sin conocer el dolor.

Las campanas de mi torre
jamás a muerto han tocado
ni su tañer lastimero
a ninguno ha despertado.


Por eso yo te saludo
y me uno a tu alegría,
y a Dios mil gracias le doy
en la Santa Eucaristía.

Seguid, seguid repicando,
llamad los fieles a misa
con vuestras lenguas de plata
y en los labios la sonrisa.

Me encanta el repiqueteo
que desde tu campanario
invita a todas las gentes
a que recen el Rosario.

El Rosario de la Virgen,
el Rosario de María,
vida, dulzura, esperanza,
causa de nuestra alegría.

Adiós, mi torre querida,
adiós, mi torre adorada,
eres para mí un tesoro
que no lo cambio por nada!


Te llamo la buena moza,
te llamo la bien erguida,
de las torres la más bella,
más elegante y pulida.

Fray Germánico Revuelta
Escribano Almonacid
te dice que eres la torre
más chocante de Madrid.

Tú, reina de Fuencarral,
tú, reina de Valdebebas,
la reina de Gulipindis
y la reina de Alcobendas.

Así termina, mi torre,
este segundo cantar.
Te encuentro tan resalada
como las aguas del mar.

Madrid 7 de octubre de 1962
Festividad del Santísimo Rosario

* Hermano cooperador Dominico, portero del convento

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